En mi segundo curso como maestro en Torrente de Cinca (Huesca) empecé a buscar alternativas metodológicas a una práctica que me abocaba al autoritarismo, al aburrimiento y al fracaso escolar. Intenté diversas soluciones consultando a otros compañeros, leyendo libros, probando nuevos materiales... hasta que, por indicación de una compañera de profesión, contacté con Josep Alcobé, un viejo maestro freinetista leridano, que me introdujo en las técnicas del pedagogo francés y me invitó a participar en varias reuniones del MCEP (Movimiento Cooperativo de Escuela Popular) de Barcelona. De la mano de Josep descubrí una práctica metodológica nueva e ilusionante, que daba sentido a mi profesión.
En marzo de ese mismo curso (estamos hablando del año 1981), organizamos en Torrente una reunión de maestros, con el nombre de “Batec” (palabra catalana que significa latido), para informar a los padres de los alumnos y al pueblo en general, de la metodología y de los objetivos de las técnicas Freinet, un conjunto de propuestas alternativas a la escuela tradicional, que tienen como objetivo fundamental partir del niño, de sus intereses y de su entorno vital. A dicha reunión vinieron muchos maestros y maestras, sobre todo de Cataluña. Algunos ya retirados, pero que habían formado parte de un movimiento llamado “Batec”, que existió en Lleida durante la República, y que fueron los introductores de las técnicas Freinet en nuestro país. Fue un acontecimiento muy importante para mí, ya que sirvió para respaldar mi trabajo en el pueblo, que estaba siendo cuestionado por la gente de orden y por la iglesia. La reunión fue organizada por un recién formado grupo Freinet, de Lleida, en el que apenas estábamos cinco personas. Pero para nosotros era fundamental formar grupo, sentirnos apoyados mutuamente, pues el cambio democrático era muy reciente y en muchos lugares (sobre todo en zonas rurales) costaba introducir innovaciones en la práctica escolar.
Durante el curso siguiente tuve que hacerme cargo de séptimo de EGB, por expreso deseo de la inspectora (doña Angelines) y con dichos alumnos organicé una exposición etnológica recogiendo materiales por todas las casas del pueblo. La exposición se celebró del 22 al 27 de febrero de 1982 y a ella asistió Miguel Calvo, que estaba de maestro en Miralsot y también deseaba organizar una actividad parecida. Más tarde conocí a José López, que ejercía en Candasnos y era compañero de sindicato y amigo de Miguel. Andando el tiempo fui invitado a reunirme con ellos en varias ocasiones y en alguna de ellas conocí a Mariano Coronas, que venía de Barcelona y estaba de maestro en Fraga.
No obstante, mi primer contacto con Aula Libre vino de la mano de la hermana de una alumna, que trabajaba en Zaragoza y se acercó a la escuela con el encargo de hacerme una entrevista para la revista. Dado que ella no era de la profesión, convinimos en que yo haría las preguntas y las respuestas. El artículo salió publicado en el extra número 3 dedicado a la escuela rural (con fecha de mayo de 1982), con el título, “Trabajar en un pueblo”. Cuando la recibí, me hizo mucha ilusión verme entre los colaboradores.
Las reuniones con los compañeros mencionados y otros que se iban añadiendo, solían ser animadas, con bastante discusión y compromiso pedagógico y político por parte de los asistentes. En aquellos momentos había mucha militancia en todos los sentidos; deseábamos cambiar la escuela, de la misma forma que estábamos contribuyendo al cambio democrático que experimentaba la sociedad española.
Y aunque yo, por vivir en Lleida, seguía vinculado a grupos de renovación catalanes, me encontraba cada vez más a gusto con estos compañeros, con los que compartía planteamientos pedagógicos, afinidades políticas y una creciente amistad que se iba reforzando en cada reunión (algunas, en casa de Lina, o en el bar Trébol, de Fraga, fueron memorables).
Coincidimos los cuatro muchas veces y también muchas veces acabábamos a altas horas de la madrugada, discutiendo sobre la escuela, la sociedad, compartiendo proyectos de trabajo para llevar a cabo con nuestros alumnos y alumnas, confesando sueños...
Un día, Pepe y Miguel nos propusieron a Mariano y a mí retomar la publicación de la revista Aula Libre (publicación educativa del sindicato anarquista de la CGT), que se había quedado sin editores en Zaragoza, pues el grupo encargado se disolvió y nadie recogía el testigo. La idea nos pareció un reto apasionante y decidimos participar en el proyecto. Había que hacer una aportación de cinco mil pesetas para tener un fondo mínimo con el que comenzar y fue así como nos convertimos en los principales accionistas de la nueva Aula Libre, que pasaría a editarse en Fraga, manteniendo la cabecera, pero independizada ya del sindicato anarquista. Para mí, personalmente, esta propuesta, añadida a las coincidencias pedagógicas y personales que nos unían, fue determinante para convertir a Aula Libre, en mi principal prioridad.
Hubo algunos accionistas más, así como un gran número de suscriptores y simpatizantes, que hicieron y hacen posible que la publicación (nosotros la retomamos en el número 29) y el propio movimiento de renovación surgido al amparo de la misma, se hayan mantenido durante todos estos años; pero también es cierto, que las tres personas que he nombrado, junto con quien escribe estas líneas, hemos estado siempre en primera línea desde que decidimos emprender juntos esta aventura de renovación pedagógica. A día de hoy, yo creo que nuestro mayor mérito ha consistido en aguantar todos estos años con la misma ilusión de los primeros tiempos y con el convencimiento de que el mejor trabajo es el que se hace a pié de obra, en la clase, con los niños y niñas. Y puestos a repartir méritos, yo pienso que si los hubiésemos de atribuir a cada uno de los cuatro por haber hecho posible la celebración de este treinta aniversario, podría servirnos perfectamente como ejemplo, la historia de los generales griegos a propósito de su contribución a la victoria en la batalla de Maratón contra los persas. Todos ellos se señalaron a sí mismos en primer lugar, señalando también todos ellos, en segundo lugar, a Milcíades. Nosotros nos señalaríamos a nosotros mismos, en primer lugar, y a Mariano Coronas, en segundo lugar. Sin su decisiva contribución (echando horas y horas de trabajo) para que la revista y las demás publicaciones que hemos ido editando durante estos años, salieran a la luz, la aportación pedagógica de Aula Libre no hubiera sido posible.
Gracias a Aula Libre, todos estos años fueron para mí de un aprendizaje constante y en ellos forjé un carácter, unos principios y una práctica pedagógica que han determinado toda mi vida como maestro.
Con Aula Libre iniciamos juntos un camino que aún hoy, a pesar de estar bastante más alejados los unos de los otros, continuamos con la misma o mayor ilusión si cabe, orgullosos de nuestro trabajo, de ser unos apasionados de nuestra profesión, y de haber sacado adelante una publicación que este año cumple treinta de vida y que tiene cuerda para unos cuantos más.
En todos estos años, lógicamente, son numerosos los temas que nos han preocupado y que hemos desarrollado en nuestras aulas, en nuestras reuniones y en las diversas jornadas y encuentros pedagógicos celebrados con otros profesionales.
Uno de los planteamientos básicos de nuestras propuestas y que forma la columna vertebral de nuestra práctica pedagógica, es la concepción global del aprendizaje. Siempre hemos estado en contra de la división del saber en asignaturas, como si éste se pudiera organizar en compartimentos estancos. La realidad es global y así debe concebirse el aprendizaje para que la vida de la escuela tenga sentido para el niño. Porque la aventura del saber, la aventura de la inteligencia es, sin lugar a dudas, la búsqueda del sentido; sólo se aprende lo que tiene sentido.
Pero, sin dejar de tener la globalización como método, hay en cada uno de nosotros algunos temas que nos han movilizado con mayor interés, a los que les hemos dedicado nuestras mejores energías. Y eso también ha contribuido a diversificar la oferta pedagógica de Aula Libre.
Sebastián Gertrúdix Romero de Ávila.
Maestro de Educación Primaria en Torres de Segre (Lleida).