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El juego vivido ha sido un proyecto llevado a cabo en Torres de Segre (Lleida), durante el tercer trimestre del curso de 1996-1997, que ha consistido en la recuperación de algunos de los juegos que practicaba la gente mayor cuando ellos eran niños y niñas.
En él han participado buena parte de los jubilados de la localidad, los alumnos y los profesores del Colegio de Educación Infantil y Primaria “Carrassumada”. El proyecto ha estado financiado por una entidad bancaria, por lo que el material utilizado ha resultado gratis y ha quedado para uso posterior tanto del Centro escolar, como del Hogar de jubilados. El Ayuntamiento del pueblo también ha colaborado económicamente asumiendo parte de los gastos realizados.
Cuando acordamos poner en marcha el proyecto del “Juego vivido”, los profesores del Centro no nos podíamos imaginar la gran cantidad de aspectos positivos que nos reportaría a todos los participantes (alumnos, abuelos y profesores).
Gracias a este proyecto, los niños y niñas han conocido y han practicado juegos que estaban casi olvidados en algunos casos, pero que les han gustado mucho y han puesto todo su interés en aprenderlos. Y la gente mayor se lo ha pasado estupendamente, porque ha vuelto a vivir su infancia, llena de vida y de alegría.
Sin embargo, los beneficios de la experiencia no se acaban aquí. Los jubilados se han sentido muy útiles haciendo de monitores, practicando una pedagogía natural que sólo la sabiduría que concede la edad es capaz de proporcionar.
Los profesores hemos visto cómo abuelos y nietos establecían una relación entre personas, amable, alegre, de confianza y respeto mutuo, con lo cual hemos aprendido que la mejor manera de educar es consiguiendo que niños y niñas trabajen alegremente y poniendo todo su interés en lo que hacen.
Por último, también es importante subrayar cómo los alumnos y alumnas de la escuela han comprobado que sus abuelos y abuelas tenían unos conocimientos que les podían transmitir, que saben gran cantidad de juegos interesantes y divertidos, que poseen una gran vitalidad.
La experiencia ha sido muy positiva en todos los aspectos, pero sobre todo en el emocional: más de una persona no pudo contener las lágrimas cuando el día de San Jorge el alumnado del centro coreaba con fuerza los nombres de los que recibían una placa por su participación como monitor o monitora en el proyecto.
Hemos recuperado juegos casi olvidados que los alumnos desean continuar practicando, hemos filmado una película de vídeo en la que se puede comprobar la importante labor pedagógica de la gente mayor. Por San Jorge se hizo una demostración para todo el pueblo de la que ha quedado testimonio fotográfico y videográfico. También realizaremos una recuperación escrita de las normas y posibles variantes de los juegos más populares... Pero lo más importante es que esta experiencia no es el final de nada, sino el principio, de cara al futuro, de una actividad que quedará incorporada en el currículum escolar del centro.
La recuperación de juegos antiguos y la participación de los abuelos y abuelas se hará cada curso escolar durante el segundo o tercer trimestre.
El proyecto se ha podido materializar gracias también a la colaboración de la Asociación de Padres, que desde siempre viene ayudando económicamente y aportando recursos humanos a las actividades que organizamos desde el centro escolar.
Los ocho miembros de la Junta del Hogar de jubilados de la localidad, que participaron como monitores, recibieron una placa en agradecimiento, además de un libro para los hombres y una rosa para las mujeres.
Una alumna de los cursos mayores, Beatriz Bobadilla, realizó los dibujos para el díptico de la celebración del día de San Jorge y ese mismo día, la Asociación de Padres nos obsequió a todos con una merienda.
Uno de los objetivos más importantes del proyecto ha sido la recuperación de juegos populares, la mayoría conocidos en todas partes, pero que suelen tener algunas variantes propias en cada lugar. Uno de ellos está adquiriendo un nuevo auge en los últimos años en nuestra localidad, sobre todo entre la gente mayor. Se trata del juego de “las bitlles”, según la nomenclatura en catalán.
Según parece este juego era practicado ya por los egipcios y fue traído a la península por los romanos, que lo dieron a conocer por todo el mundo latino.
En Cataluña conoció una gran popularidad hasta bien entrado el siglo XX, pero fue prohibido después de la guerra, porque se solía aprovechar para jugar dinero entre los participantes.
En los últimos años, sin embargo, ha vuelto a tener un gran auge y existe incluso una federación que organiza competiciones y encuentros (pero ahora sin que medien apuestas económicas entre los equipos participantes). En Torres de Segre existen varios equipos que compiten con bastante éxito.
Para jugar se necesitan 6 bitllas y 3 bitllots, hechos todos con madera de encina (aunque actualmente se utilizan también materiales sintéticos).
Las bitlles se colocan de pie en el suelo formando dos hileras de a tres cada una. La separación entre ellas ha de ser aproximadamente el grueso de un bitllot. Desde donde lanza el jugador sólo se han de ver las bitlles de la primera hilera.
El juego consiste en hacer caer las bitlles lanzando los bitllots desde una distancia de 11’5 metros (las mujeres y los menores de 13 años lo hacen desde 9’5 metros). Aunque no hay una manera obligada de hacerlo, se acostumbra a lanzar describiendo una parábola.
Cada equipo tiene ocho jugadores, que van haciendo sus jugadas de manera consecutiva. En total lanza ocho veces cada uno. En cada jugada se pueden lanzar tres bitllots. El jugador anota tantos puntos como bitlles ha tirado al final de los tres lanzamientos, excepto en el caso de que tire cinco, que anotará diez puntos, puesto que esta jugada es considerada la mejor. Al final gana el equipo que suma más puntos entre todos sus lanzamiento.
La tirada es la acción de lanzar un bitllot. Se hace jugada cada vez que se efectúan los tres lanzamientos de bitllot que puede realizar cada jugador (pero si un jugador derriba cinco bitlles con uno o dos lanzamientos, ya no necesita hacer ninguno más).
Y, finalmente, se considera partida cuando los ocho jugadores han realizado las ocho jugadas que les corresponden, o sea que, en total, la partida consta de 64 jugadas (8x8), pudiendo llegar a tener 192 (8x3x8) lanzamientos.
Aparte de este de las bitlles, los juegos más representativos, de los cuales investigamos para conseguir alguna versión por escrito de sus reglamentos, fueron:
Llargues, baixa cap de pallús, a cavall fort, a la coma, al gepet, als patacons, a les boles, a la baldufa, a marri marri, a la pluca de correr, a la pluca d’amagar, a com va l’oli, a les sampeques, a la serp, a ballar danses, a les tenalletes, a arrencar cebes, saltar corda, al palet (también llamado “Blanc”), a los gallosets, al diábolo y a les agulles.
Uno de los jubilados que han participado en la experiencia, nos escribe lo siguiente:
“Los que somos muy mayores, cuando éramos pequeños, también nos gustaba mucho jugar, pero lo teníamos que hacer con materiales muy sencillos. Practicábamos juegos asequibles a todas las economías y edades. Y, la verdad sea dicha, nuestros juegos y entretenimientos se adecuaban bastante bien a estas dos condiciones.
Desde pequeñitos, nos comenzábamos a entrenar con el “Ralet ralet, paga el dineret”, que era un juego digital consistente en hacer rodar el dedo índice de una mano sobre la palma de la otra y, a la expresión de ¡paga lo dineret! se daba un golpe a la susodicha palma con todos los dedos juntos de la otra mano. Este juego se compartía, con otro muy parecido que decía:
“Pon, tieta, pon
Pon un coco
Pon un coco...”
Un poco más mayores continuábamos jugando, también con los dedos, intentando mejorar la calidad del argumento y la destreza en la ejecución, dando protagonismo a todos lo dedos de una mano junto con el índice de la otra, diciendo:
“Éste es el padre, ésta es la madre, éste hace las sopas, éste se las come todas...” Finalmente, se cogía el dedo pequeño con el índice y el pulgar y, moviéndolo hacia todos los lados, se decía bastante enfadado:
“Y éste dice:
¡marrimiau, marrimiau,
¿por qué no me dáis
de aquello que coméis?
A medida que íbamos creciendo, lo hacían también las dificultades de los juegos que practicábamos, la mayoría de los cuales representaban una fuerte competitividad entre los participantes, con lo que se despertaba el interés por mejorar las técnicas de los mismos.
Aquellos juegos eran, más o menos, los que hemos practicado durante todo este tiempo con los alumnos de la escuela. La modesta opinión de las personas mayores que hemos participado en la actividad es que ha sido una vivencia muy emotiva, porque hemos vuelto a vivir momentos lejanos y llenos de añoranza. Y hemos vuelto a sentir la misma afición que entonces, por su práctica. Con estos juegos siempre estábamos entusiasmados.
Ha sido muy gratificante y positivo poder transmitir a los pequeños y pequeñas de hoy en día las ilusiones e inquietudes que nosotros vivimos de pequeños y hemos comprobado que ellos también han participado con gran entusiasmo en la mayoría de los juegos desarrollados. Hemos conseguido crear entre todos una convivencia inolvidable.
Esta experiencia nos ha demostrado a los mayores, que los niños y niñas de hoy tienen buenos sentimientos y sentido de la humildad y responsabilidad, aunque a veces pueda parecer que adoptan una actitud “pasota sobre normas elementales de respeto y tolerancia hacia los demás.
Nuestro esfuerzo ha calado en el espíritu de los pequeños y pequeñas, mientras que para nosotros ha significado una vuelta a nuestras tradiciones ancestrales; y todo dentro de una perfecta armonía. Todo ello es esperanzador si miramos de cara al futuro ya que serán estos niños y niñas los encargados de hacer crecer la simiente que nosotros hemos sembrado”.
(Josep Sanjuán, en representación de los abuelos y abuelas).
La opinión de los alumnos quedó reflejada también en diversos textos que prepararon después de la fiesta de San Jorge. Esto es lo que escribieron los de primero de primaria:
“El jueves es el día que nos toca gimnasia y este curso nos lo hemos pasado pipa, bomba, fantástico, genial y muy bien, porque han venido muchos días los abuelos y las abuelas del pueblo a enseñarnos juegos que han sido, ¡chachi piruli!
El que más nos ha gustado ha sido el de “bitlles” y el que hemos encontrado más difícil ha sido “la baldufa”, porque casi no nos salía a la mayoría de la clase.
Todos los abuelos y abuelas han estado súper. El día de San Jorge hicimos juegos por la mañana y por la tarde y, al acabar, les dieron unas placas a los abuelas y abuelas para que tuviesen un buen recuerdo de estos juegos. También le dieron regalos a una niña de octavo que se llama Bea, porque había hecho unos dibujos muy bonitos que estaban en los lugares donde realizábamos los juegos. Después, la Asociación de Padres y Madres nos invitó a merendar.
El curso que viene quisiéramos que los abuelos volvieran a venir con estos juegos y con otros nuevos”.
Y los de sexto dejaron escrito lo siguiente:
“Durante los meses de marzo y abril practicamos una serie de juegos con unos abuelos y abuelas del pueblo, muy simpáticos.
Lo hacíamos a las horas de gimnasia y se practicaron danzas, bitlles, estirar cuerda, palet, patacones, baldufa, saltar cuerda, gallosets y canicas.
El día 23 de abril era la fiesta de los enamorados en Cataluña. Ese día, los alumnos de la escuela, desde párvulos hasta sexto, estuvimos haciendo juegos en el polideportivo, mientras que los de octavo vendían plantas y libros para el viaje de fin de curso.
Los abuelos encargados de los juegos eran, el señor Pepito en canicas, el señor Jaume y el señor Javier en bitlles, la señora Fina en el palet, el señor Ramón en la baldufa, el señor Josep en saltar cuerda y la señora Teresa en los gallosets.
A la hora de almorzar, nosotros aprovechamos para hacer “el amigo invisible”.
Al acabar los juegos, por la tarde, entramos al polideportivo y los maestros repartieron unas placas para todos los abuelos y abuelas y otra para el Hogar de Jubilados. También le dieron unos regalos a Bea, de octavo, por los dibujos que hizo.
Cuando se acabó el reparto de premios, el APA nos invitó a merendar.
A nosotros nos ha gustado mucho esta experiencia de revivir los juegos de nuestros abuelos y abuelas. Hemos aprendido algunos que no conocíamos ni habíamos visto practicar nunca.
Y ellos también pensamos que se lo han pasado muy bien recordando los juegos que practicaban en su infancia”.
Ahora estamos confeccionando el archivo de juegos populares de Torres de Segre, con la colaboración de la gente mayor. De cada juego se confecciona una ficha con la siguiente información: Nombre del juego, época del año en que se practica, número de jugadores, material necesario, descripción y reglas.
Los alumnos y alumnas preguntan en casa a sus padres y abuelos y traen la información hasta la escuela y también contamos con unos cuantos abuelos y abuelas voluntarios que nos enriquecen con sus propias versiones. A veces, de un mismo juego existían diversas variaciones, según las necesidades del momento.
Y, aunque sea de forma muy humilde, estamos seguros de que nuestro trabajo de recuperación de juegos populares, puede ser útil a toda la gente de nuestro pueblo, tanto a los mayores como a los más pequeños. Recuperar la memoria de la historia más reciente es una de las actividades más gratificantes y motivadoras para una comunidad. Para los mayores, porque ven cómo se valora su propia vida, y para los pequeños, porque aprenden a respetar a sus abuelos y se convierten en pequeños investigadores de su historia más real y cercana.