Todos mis alumnos y alumnas desearon siempre, y siguen deseando, tener amigos y amigas en otros lugares. La necesidad de comunicarse, de tener alguien con quien compartir aunque esté lejos, es innata en todos nosotros.
La correspondencia escolar, de todas las actividades convertidas en técnicas de trabajo escolar por Freinet, es quizá la más agradecida y la que más objetivos nos ayuda a conseguir. No hay ningún niño o niña al que no le guste recibir una carta bonita, con letra clara, con suficiente texto, con algún regalito... De la misma manera, cualquier niño o niña acepta de buen grado una rectificación o una mejora en la presentación o el contenido de la carta que está preparando para su corresponsal. No es de extrañar, por tanto que, “Miles de educadores pueden ahora dar fe de la utilidad que ha proporcionado la correspondencia entre escuelas”.1
¡Cuánta afectividad viaja a través de esos pequeños paquetes que todos preparamos con el máximo cuidado e ilusión! ¡Que explosión de júbilo y qué ansiedad cuando se les anuncia la llegada de un nuevo envío de los corresponsales.
La correspondencia, cuando tiene una mínima continuación, es siempre una actividad positiva. Yo tengo alumnos que han mantenido una relación de amistad con su corresponsal aunque ya no nos escribamos con ellos. La correspondencia es una actividad que no necesita motivarse; es en sí misma, despertadora del entusiasmo infantil y fuente de relaciones amistosas que perduran en el tiempo: “La correspondencia responde a una de las necesidades fundamentales del ser humano: entrar en profunda relación con el mundo de los seres y de las cosas, necesidad que no siempre satisface la vida actual”.2
Es también una técnica de utilización permanente, es decir, que sirve para todas las edades. Yo la he utilizado siempre con mis alumnos y los he tenido desde los cuatro años hasta los catorce.
Unas veces ha sido correspondencia de clase a clase, otras de alumno a alumno. En ocasiones hemos contactado con alguna clase para intercambiarnos, puntualmente, informaciones sobre nuestra flora o fauna, o sobre aspectos concretos de la realidad de nuestro pueblo: economía, fiestas, juegos, costumbres...
Durante el curso 1980-81, yo estaba en Torrente de Cinca como tutor de tercero de EGB y nos escribimos con la clase de cuarto de Bellver de Cinca, de la que era tutora la compañera Mª José Nasarre. Hacia final de curso nos visitamos mutuamente en unos encuentros en los que se implicaron las escuelas, los padres y madres y el pueblo en general. Fueron unas jornadas de gran contenido emocional. Yo creo que la correspondencia ha de tener siempre como objetivo que los corresponsales puedan llegar a conocerse personalmente, aunque las circunstancias lo hagan imposible en ocasiones.
He aquí el contenido de un texto escrito por una alumna de Bellver en su revista, titulada “Sonrisas”, que dedicaron especialmente a la visita que les hicimos el 14 de mayo de 1981:
Ya ha pasado el día en el que vinieron los de Torrente. Yo tenía ya ganas de verlos, pero no sólo quería ver a todos y saber si me lo iba a pasar bien, sino que lo que más me interesaba era ver a mi corresponsal.
Entonces llegó el momento, el gran momento.
Óscar, como se llama mi corresponsal, es muy gracioso, pequeñajo, moreno y con ojos marrones o negros. Pero no sólo voy a describirlo, sino que diré lo que hizo. Empezaré:
Al ser un poco vergonzoso, cuando nos presentaron, se movía de derecha a izquierda. Después fuimos a las casas.
Lo que más me gustó fue que nos ganaron a fútbol pero él dijo: “-No hemos venido a ganar, sino a jugar”.
En las actuaciones contó un chiste que a todos nos causó mucha risa.
Bueno, si sabéis esto, creo que sabéis todo, y si no, os lo volvéis a leer. ¡Adios!
Paula.
Mantuvimos también correspondencia con escuelas de Valencia, Sevilla, Lleida, Fraga, Alcanar y Barcelona.
Cuando marché a Torres de Segre (donde continúo como maestro), seguí utilizando la correspondencia como una de las más importantes técnicas de trabajo en mi clase. Siemprela hemos practicado con diversas escuelas. Durante el curso 1986-87, siendo tutor de segundo de EGB, iniciamos una nueva modalidad de correspondencia, la interna, que también nos dio unos muy buenos resultados.
Durante la semana los niños y niñas iban depositando sus cartas en un buzón que teníamos en la clase y, el viernes por la tarde, se repartían.
Eran cartas cortas, sin demasiado texto, con un saludo y algún regalito para el destinatario. Se intercambiaban dibujos, pasatiempos, adivinanzas, cromos, caricaturas, alguna inconveniencia, alguna guarrindonguería (un dibujo de la Chicholina desnuda), chicles, chucherías, pesetas, duros, etc. La mayoría de las cartas iban dirigidas a los que formábamos parte de la clase, pero a veces se escribían a otros niños y niñas de la escuela o a otros maestros y maestras.
Si alguna semana alguien se quedaba sin carta, a la siguiente nos comprometíamos unos cuantos (el maestro entre ellos) a escribirle.
El tipo de carta más corriente era:
Hola, ¿qué tal estás?
Yo estoy bien, ¿y tú?
Espero que te guste mi dibujo.
¡Adios!
La siguiente carta me la envió la Gemma e iba adornada de muchos dibujitos:
¡Hola, Sebastián! ¿Cómo estás?
Yo soy la Gemma
a la fiesta Mayor e ido
a subir a los caballitos
y a las noches e ido al baile
y un dia vino un varco de viento
y muchas cosas mas y me lo
pase muy bien. Adios.
La correspondencia interna no tuvo pretensión de contenido; se trataba de un ejercicio amable en el que lo más importante era recibir una o varias cartas con regalitos. En alguna ocasión (poquísimas veces) no era tal regalito, pero los aspectos menos agradables de las cartas eran comentados en las asambleas y siempre sacábamos consecuencias aleccionadoras y positivas para todos nosotros.
A lo largo de todos estos años de profesión sería interminable la lista de clases con las que hemos mantenido correspondencia mis alumnos y yo. Pero siempre ha sido una actividad que, en general, nos ha ayudado a ser mejores, ha desarrollado positivamente nuestra afectividad, ha dado sentido a la lectura y a la escritura, ha convertido a mis alumnos y alumnas en trabajadores infatigables, deseosos de agradar a sus destinatarios, ha motivado muchos trabajos de investigación sobre nuestro entorno, nos ha obligado a esforzarnos para hacer un trabajo cuidadoso, de calidad, para nuestros amigos; pero, sobre todo, nos ha hecho vivir situaciones de verdadera amistad y felicidad:
Tamara: -Maestro, hoy he llamado por teléfono a mi amiga de Tierrantona.
-¿Y qué os habéis contado?
-¡Estábamos tan emocionadas que no nos ha salido ninguna palabra!
Sandra P.: -Maestro, ayer le leí la carta de mi amiga a mi madre y se emocionó.
Ares: -Sebastián, hoy cuando venía a la escuela pensaba que recibiríamos carta de nuestros amigos y cuando nos has dicho que tenías una sorpresa para nosotros, enseguida he adivinado que eran las cartas de los amigos de Fraga.
Robert, a su amiguito de Tarazona, después de un viaje largo y lleno de curvas:
-Está muy “amagadito” tu pueblo ¿eh?
Actualmente nos escribimos con los alumnos y alumnas del colegio Verdemar, de Cantabria, con los de Urda (Toledo), con los de Fraga (Huesca), donde tenemos al compañero de Aula Libre, Mariano Coronas, y con los de Fuente de Cantos (Badajoz). Con estos últimos mantenemos una correspondencia muy especial, pues los alumnos de Torres de Segre ejercen de padrinos y madrinas de lectura de los de Badajoz, ya que ellos están en párvulos de 5 años. Les damos consejos para aprender a leer y les enviamos pequeños textos y poesías para que se vayan aficionando a la lectura. Es una experiencia muy motivadora para mis alumnos y alumnas. La profesora de Badajoz, María Sacra Rodríguez, nos hizo la propuesta y la aceptamos encantados. Pensamos que es una experiencia muy enriquecedora para todos.
Finalmente, la correspondencia entre los tutores y tutoras de las clases que se escriben entre sí es fundamental para la buena marcha de la actividad. La buena comunicación entre ellos puede evitar situaciones delicadas y también puede servir para reconducir algunos procesos que se encuentren encallados.
Para mí, la correspondencia con los compañeros y compañeras ha sido y sigue siendo una continua fuente de satisfacciones. En primer lugar porque me ha dado ocasión de intercambiar opiniones y trabajos con un buen número de ellos; y, en segundo lugar, porque de todos y de todas fui cogiendo ideas para mejorar como maestro, a través de una simple conversación, una carta, una visita a sus clases, etc.