LA VELOCIDAD LECTORA

Velocidad y comprensión

Con esa mala costumbre que se tiene en la enseñanza, de desmenuzarlo todo, de separar unos aprendizajes de otros dentro del mismo proceso, se escucha, con cierta frecuencia, que “no debemos descuidar la velocidad lectora”; presentándola como algo que se debe trabajar independientemente de la comprensión. Incluso, si leemos las orientaciones pedagógicas ministeriales, en algún momento se hace referencia también a la velocidad lectora como algo diferente de la comprensión (se debe leer un número determinado de palabras por minuto, en voz alta).
Pero, a poco que reflexionemos, nos daremos cuenta de que estas afirmaciones encierran un perfecto disparate.
Si nos referimos a la lectura oral es absurdo plantear la velocidad lectora como objetivo, entre otras cosas porque es imposible ir más rápido de lo que nos permite la pronunciación correcta de las palabras. Cuando se lee en voz alta, si queremos que los demás se enteren del significado de lo que estamos leyendo, debemos hacerlo con entonación, con ritmo, vocalizando perfectamente y cargando los acentos en donde sea necesario. Leer en voz alta es más un ejercicio de interpretación que de velocidad. Pero, además, para hacerlo en forma correcta, es necesario conocer el texto, estar familiarizado con las palabras que lo componen y haberlo repasado previamente, de lo contrario no le sabremos dar la entonación adecuada. Pero, aún sin buscar la velocidad, la lectura será más rápida cuando se comprende el significado del texto; por tanto, es un contrasentido separar la velocidad de la comprensión en el acto de la lectura. A más comprensión corresponde más velocidad y a menor comprensión, menor velocidad. Esto es algo que podemos comprobar en nosotros mismos. Elijamos dos textos diferentes, uno cuyo vocabulario y contenido nos sea familiar y otro que nos sea total o parcialmente desconocido, con un vocabulario difícil de entender. Enseguida nos daremos cuenta  que nos cuesta dar ritmo, entonación y sentido al segundo texto, aparte, claro está, de que su lectura será mucho más lenta.
Pero ya hemos dicho que la velocidad, cuando se trata de lectura oral, no es un objetivo, en absoluto. Podemos añadir que, incluso, en la mayoría de las ocasiones, y dado que lo que se pretende es que el significado del texto sea transmitido lo mejor posible a la persona o personas que escuchan, cierta lentitud y la realización de ciertas pausas, ayudan a dar mayor carga significativa al mensaje.
Sin embargo, cuando hablamos de lectura silenciosa, sí que es importante la velocidad. La lectura silenciosa tiene su fundamento en la captación visual de significados y, al no tener que pronunciar las palabras del texto, se puede leer a mucha mayor velocidad. En la lectura silenciosa o visual, el ojo capta palabras y grupos de palabras en los diversos saltos que va realizando a lo largo del texto y ello le permite leer mucho más rápido.
Pero tampoco aquí debemos olvidar que lo que nos permite leer a gran velocidad no es únicamente una facultad del ojo, sino que, nuevamente, es gracias a la comprensión lectora que podemos avanzar con rapidez.
Actualmente, debido a que tenemos acceso a una gran cantidad de información, es fundamental leer rápido cuando lo hacemos con la vista (lectura silenciosa), pero si lo que leemos es un texto desconocido para nosotros o con muchas palabras que no forman parte de nuestro vocabulario, su lectura será lenta, su comprensión difícil, habremos de volver hacia atrás en algunos momentos (realizar regresiones) e incluso consultar el diccionario si no somos capaces de entender las palabras por el contexto.
Queda claro que, contrariamente a lo que sucede con la lectura en voz alta, la velocidad lectora sí que es fundamental cuando se trata de lectura silenciosa. Pero, tanto en una como en otra,  también queda claro que no es posible leer con corrección  si el texto que tenemos ante nuestros ojos nos es desconocido o poco familiar.
Estas condiciones son exactamente las mismas cuando los que han de leer son alumnos y alumnas de nuestras clases. Si pretendemos que nuestros alumnos y alumnas aprendan a leer bien, tanto en voz alta como visualmente, tendremos que proponerles lecturas de textos cuyo vocabulario y significación les sean familiares. Es decir, textos que hayan sido trabajados previamente en clase, o individualmente por los propios alumnos.

Para mejorar la velocidad lectora

Hay diversas ofertas en el mercado editorial para mejorar la capacidad de leer con rapidez. Algunas de estas ofertas se han adaptado a nivel escolar, pero en esto, como en todo lo demás, las propuestas editoriales van más encaminadas a ganar dinero que a conseguir eficacia. Los ejercicios de velocidad lectora se han convertido en una moda más y se aplican en las escuelas como cualquier otro ejercicio de Gramática.
De todos los autores que sobre el tema hemos consultado (Kathryn M. Redway, Maurice Guidici, Manuel A. Renero, Juan Carlos Garelli, François Richaudeau y M. Y F. Gauquelin), únicamente Juan Carlos Garelli 1  y François Richaudeau y M. y F. Gauquelin 2 nos parecen suficientemente rigurosos y documentados (es nuestra modestísima opinión).
En ambos libros se exponen con claridad los fundamentos en los que se basa la lectura rápida y se acompañan de gran cantidad de propuestas de actividades y ejercicios para trabajarla.
No obstante, nuestra intención al recomendar la lectura de estos dos libros (en caso de haber de elegir entre uno de los dos, recomendamos el de Richaudeau) no es la de que se aprovechen los ejercicios que proponen, sino que se lean los fundamentos que exponen acerca de la lectura rápida. Términos como fijación, vocalización, subvocalización, confusión de palabras, regresión, redundancia, desnatado, visión vertical, las palabras clave, la anticipación o adivinación, lectura selectiva, lectura a saltos, los puntos de fijación, etc., se encuentran explicados y fundamentados con claridad y rigor.
Una vez que hayamos comprendido los fundamentos de la lectura rápida y que hayamos aceptado la necesidad de trabajarla en la escuela, lo ideal sería ponernos de acuerdo con nuestros compañeros y elaborar una batería de ejercicios a partir del vocabulario básico de nuestros alumnos. Porque, como ya hemos subrayado en varios momentos de este trabajo, lo fundamental para que nuestros alumnos y alumnas progresen en la lectura, es que el vocabulario que utilicemos sea el más comprensible para ellos y ellas. Por tanto, lo mejor será partir de sus propios textos y de los que trabajemos en clase.
Hoy día, el ordenador nos proporciona grandes posibilidades para crear toda clase de ejercicios y actividades.
Para acabar, nos gustaría insistir en que no hay nada más adecuado, para que nuestros alumnos y alumnas lean cada vez mejor y más rápido, que la lectura misma; es decir, que lean (que leamos) todo tipo de textos, tanto en voz alta como en silencio, pero no para examinarnos, sino por la necesidad de buscar las informaciones que consideramos interesantes y por el placer de descubrir los mensajes que guardan en sus palabras y frases.