A VUELTAS CON LOS LIBROS DE TEXTO

Personalmente consideramos el libro de texto como una herramienta más negativa que positiva en nuestro trabajo.
Como prácticamente lo da todo hecho, no nos permite ser creativos, provoca que nuestra clase sea igual a cualquier otra y anula nuestra personalidad a nivel profesional. El libro de texto proporciona los contenidos que tenemos que transmitir, marca el ritmo y la graduación de los aprendizajes, nos dice qué ejercicios han de hacer nuestros alumnos y facilita las soluciones. Tenemos el convencimiento de que quien ha hecho el libro de texto piensa que somos unos incapaces, que no conocemos nuestro oficio; por eso nos quiere facilitar las cosas haciéndolo tan fácil, que cualquiera pueda ejercer de maestro.
Además, el libro de texto, por su estructura y organización, nos quiere convencer de que nuestro trabajo como enseñante consiste, básicamente, en explicar, en preguntar la lección, en mandar deberes, en hacer exámenes. Y, al mismo tiempo, nos quiere hacer creer que nuestros alumnos aprenderán escuchando en silencio y bien sentaditos en sus asientos, haciendo deberes en casa y memorizando las lecciones. Y, todavía más: no nos permite partir de los conocimientos previos del alumnado, ni crear una buena relación afectiva en la clase, ni aprovechar los conocimientos y la experiencia adquirida fuera de la escuela, ni trabajar de forma interdisciplinar, ni atender la diversidad de nivel ni de ritmo de los alumnos y alumnas.
Como herramienta pedagógica es bastante deficiente y como fuente de información es aún peor, puesto que sus datos no son muy actuales y, en la mayoría de los casos, sus propuestas de trabajo son inventadas.
Para colmo de males, la dinámica de trabajo que impone el libro de texto provoca el aburrimiento y el rechazo de nuestros alumnos por el aprendizaje.
Tampoco creemos, como a veces se dice, que los libros de texto actuales sean muy diferentes a los de hace veinte, treinta o cuarenta años. Ni que haya libros de texto buenos o malos. El libro de texto es, fundamentalmente, un negocio, se hace para que lo compren todos los alumnos, no para que aprendan con él.
Puede haber propuestas que sean más aprovechables que otras porque permiten un cierto trabajo inteligente y activo de los alumnos y alumnas en algunos momentos. Pero, la lógica del libro de texto, es la misma siempre: negocio para la editorial, comodidad para el maestro, inútil para el aprendizaje y humillante para los alumnos.
Siempre nos ha parecido aberrante que nuestros alumnos esten aprendiendo las mismas cosas, al mismo ritmo, de la misma manera, con los mismos ejercicios, con el mismo lenguaje que los de la clase de al lado, que los del colegio de al lado, que los del pueblo de al lado, que los de la comunidad vecina, igual da que la escuela sea de pueblo o de ciudad... Esta situación tan disparatada y sin sentido solamente es posible en la escuela. Ningún aprendizaje fuera de ella funciona de la misma manera.
Nadie con un mínimo de sentido pedagógico otorgaría importancia fundamental al libro de texto en el trabajo escolar.
Oriol Bohigas, arquitecto y persona comprometida en todos los ámbitos, definió los libros de texto de manera magistral, en un artículo publicado en el País (domingo 25 de octubre de 1998): “¿Son necesarios los libros de texto? ¿No son una grave limitación a los métodos y las experiencias, a la libertad intelectual y profesional de los maestros?
Esos horribles cuadernos atiborrados de dibujos cuarteleros y cuestionarios que parecen provenir de la técnica del crucigrama, ¿no son un acicate para la definitiva degradación mental de los jóvenes ciudadanos? ¿No son unos sutiles instrumentos para evitar que el alumno entre seriamente en el campo de la lectura individualizada de los grandes textos literarios y científicos? ¿No son, al mismo tiempo, una manera de disimular la parquedad intelectual de muchos maestros? Me cuesta responder en detalle a tantas dudas, pero estoy seguro de que los pésimos cuadernos que se distribuyen como libros de texto son científicamente infames y contribuyen directa o indirectamente a los fracasos escolares”.
En un artículo de Artur Parcerisa Aran aparecido en la revista GUIX (número 243, marzo de 1998), se hace un planteamiento sobre los libros de texto que nos parece también interesante para darlo a conocer a los lectores: “Se piensa que los libros de texto llegan a condicionar de manera importante el tipo de enseñanza que se realiza, ya que muchos enseñantes lo hacen servir de manera exclusiva, sometiéndose únicamente al currículum específico que refleja, tanto en lo que se refiere a los contenidos de aprendizaje como a la manera de enseñarlos. Su incidencia en la enseñanza es tan alta porque ciertamente facilita mucho el trabajo docente. Trabajar en el aula bajo la dependencia de un libro de texto es muy práctico; eso sí, siempre y cuando se tenga una visión de la enseñanza esencialmente conceptualista y académica, uniformadora y de aprendizaje por acumulación.
Pero si nuestra visión de la educación escolar no es exactamente ésta, la dependencia de libro de texto ya no nos sirve; ya no resulta adecuado hacerlo servir de manera exclusiva ni someternos al currículum específico que refleja.
En todo caso, a la hora de decidir si queremos ser esclavos de los libros de texto o convertirlos en recursos al servicio de nuestro proyecto docente, hay que tener muy en cuenta que los libros de texto y otros materiales editados son una mercancía regulada por la ley de la oferta y la demanda, y que, por tanto, las decisiones más importantes sobre su producción se toman en función del mercado y no en base a otros criterios”.
Habrá que recordar con “Cuadernos de Pedagogía” (editorial del número 283), que, “en los documentos de la Reforma –aunque hoy parece olvidarse- se hacía una apuesta por la diversidad de recursos: biblioteca de aula, libros de consulta, dosieres, archivos, bases de datos, multimedia...”
La polémica sobre los libros de texto está de  actualidad, puesto que hay un movimiento bastante fuerte a favor de su gratuidad. Particularmente, no nos importaría que se repartiesen gratuitamente a los escolares; de esta forma, los padres no les concederían tanta importancia al no tener que pagarlos. Y quizás empezarían a perder valor como material de trabajo escolar.
Pero si el libro de texto pierde la importancia fundamental que tiene en la enseñanza, ¿qué materiales se pueden utilizar como alternativa?
Hoy día no es tan problemático conseguir materiales alternativos, ya que existe una verdadera inflación de información y de publicaciones. El problema reside más en seleccionar dichos materiales. Pensamos que si el maestro lo tiene claro a nivel metodológico y dispone de los recursos suficientes, debe jubilar inmediatamente el libro de texto. Pero en los centros grandes se dan situaciones que hacen que sea muy difícil adoptar una actitud absolutamente rupturista, por lo que la prudencia puede aconsejar adoptar una solución intermedia. Siempre, claro está,  que el objetivo final sea el de la desaparición paulatina de su uso, o al menos de que pierda importancia progresivamente en el aula.
Hay que tener en cuenta que el libro de texto no deja de ser una propuesta estandarizada de concreción del currículum. Es decir, que una cosa es el libro de texto y otra muy distinta, el currículum.
Por lo tanto, para adaptar la propuesta del libro a las necesidades y la realidad de los alumnos, para ayudarlos a construir su propio aprendizaje, es totalmente necesario que el maestro elabore su propia propuesta a partir de otros materiales diferentes del libro de texto.
Actualmente es posible encontrar materiales alternativos para tener en el aula una buena biblioteca de lectura y de consulta; hay publicaciones especializadas en cualquier tema (guías de naturaleza, flora, fauna, fósiles, trabajos y dossier de temas de sociales, estadísticas actualizadas de toda clase), la prensa nos pone en contacto diario con la actualidad del mundo, la televisión ofrece algunos programas educativos y documentales que son bastante aprovechables y, a través de la informática y de internet, se puede acceder a cualquier tipo de información y base de datos.
No obstante, el mejor material alternativo se encuentra en la realidad, en nuestro entorno. No hay ningún tema del currículum que no se pueda trabajar partiendo de la realidad, a través de pequeñas investigaciones, proyectos, encuestas, entrevistas, recogida de datos, salidas de trabajo con aprovechamiento interdisciplinar y con la colaboración entusiasta y motivada de los propios alumnos, los cuales demuestran ser unos grandes trabajadores cuando encuentran sentido a las actividades  que se les proponen.
Esta manera de hacer la escuela permite, además, que nos abramos a la comunidad, que podamos ser creativos, aportar nuestras ideas e informaciones personales; nos permite construir conjuntamente el libro de vida de la clase, en un proceso que hace que cada curso sea distinto al anterior, porque la realidad es viva y diversa.
Este protagonismo, este convencimiento de que somos los arquitectos de nuestro propio aprendizaje, hace que nos valoremos positivamente y que nos sintamos útiles a la sociedad. Y cuando trabajamos con este convencimiento, ni nuestros alumnos ni nosotros tenemos muy en cuenta el horario: la escuela deviene agradable y las horas pasan rápidamente.