(Artículo aparecido en Cuadernos de Pedagogía nº 364. Enero de 2007)
No es suficiente con que el maestro o la maestra tengan sentido del humor, o sean de un carácter alegre y espontáneo. Tampoco basta con realizar, de vez en cuando, alguna actividad que provoque la aparición de estados colectivos de felicidad en la clase. Los maestros y maestras debemos crear las condiciones para que el humor sea algo natural, para que la alegría no desaparezca de los rostros infantiles mientras permanecen en la escuela. Por eso nuestra propuesta lo que pretende, fundamentalmente, es exponer las condiciones básicas que deben darse en una clase o en una escuela que desee ser un lugar alegre y verdaderamente acogedor para los y las escolares.
En primer lugar, debemos ofrecer actividades que tengan sentido, que provoquen la reflexión y el trabajo inteligente, que sean útiles para la vida. La dinámica escolar lleva a pensar que la escuela es un fin en sí misma y propone multitud de actividades que forman parte de su propia lógica; sin embargo, la mayoría de ellas no tienen sentido para el alumnado, porque no tienen nada que ver con el trabajo inteligente.
Para que el sentido y el trabajo inteligente inunden el aula debemos partir de la realidad, de todo aquello que afecta de alguna manera a la vida de nuestro alumnado. El conocimiento de dicha realidad dará sentido a su propia vida, favorecerá su crecimiento personal y hará que vaya comprendiendo el mundo en el que le ha tocado vivir, al tiempo que le proporcionará recursos para el futuro.
En segundo lugar, debemos trabajar siempre para conseguir el éxito en los aprendizajes, aceptando los errores como actos necesarios en el proceso y reforzando los logros positivos para mejorar la autoestima de niños y niñas y animarlos a continuar aprendiendo. Cuando el aprendizaje se produce de forma natural es el niño el que pregunta, el que investiga, el que tantea continuamente. Sin embargo en la escuela, la mayor parte de las veces la situación se invierte, es el maestro el que pregunta, el que examina, el que califica continuamente. Y si el niño y la niña se sienten examinados por todo lo que dicen o hacen, pierden la curiosidad y las ganas de preguntar y se dedican la mayor parte del tiempo a reprimir sus impulsos naturales, a inhibirse, a olvidarse de sus propios intereses, hasta que acaban adaptándose con resignación a la aburrida i absurda dinámica escolar.
En tercer lugar, debemos eliminar la competitividad entre el alumnado. La clase es un grupo que trabaja solidariamente en busca del éxito y que se alegra de los éxitos individuales de cada uno de sus miembros. Pero para ello tenemos que dar la misma importancia a todas las actividades, abrir el abanico de posibilidades para que todos puedan sentirse los mejores o “de los mejores” en algo. Pensemos que el aprendizaje es siempre una tarea social y cooperativa. Quien aprende es el niño y la niña, pero con la ayuda de sus compañeros, de los adultos y en continua interacción con el medio. Se puede y se debe buscar la excelencia sin necesidad de recurrir a la competitividad. La competitividad genera sentimientos de superioridad, de poder, en los ganadores, pero el resto siente fracaso y frustración, dándose la circunstancia de que casi siempre, triunfo y derrota, recaen sobre los mismos, mientras que el aprendizaje cooperativo consigue lo mejor de cada uno de nosotros, nos valora por nuestra aportación al objetivo común y nos convierte en personas equilibradas.
En cuarto lugar, debemos favorecer la expresión del alumnado, la comunicación y la participación activa en el proceso de su propio aprendizaje. Que exprese sus emociones, que nos cuente sus sueños, los momentos felices, sus miedos, sus viajes, sus aficiones, sus lecturas más queridas; que pueda tener amigos y amigas en distintos lugares con los que intercambiar conocimientos y afectos, que pueda participar como uno más en la organización del trabajo, que vea cómo es posible hacer propuestas para mejorar el aula, la escuela, el pueblo, la ciudad… Y que compruebe también cómo sus aportaciones personales y el trabajo colectivo tienen difusión entre la comunidad y entre las escuelas amigas, porque ello dará mucho más valor y sentido a lo que se hace en la clase.
Finalmente, hemos de poner en práctica un proceso de evaluación que dé una medida más real y completa del alumnado. Hay que realizar un seguimiento continuo de su actividad: de sus intervenciones, de cómo resuelve los problemas, de la calidad de su trabajo, de la implicación en los aprendizajes, de su capacidad de reflexión… Para ello necesitamos una ficha personal en la que ir anotando todas las informaciones que consideremos de importancia sobre cada niño y cada niña. Nada de exámenes memorísticos. Estudiar no es memorizar. La memorización de temas y lecciones es una trampa que se le tiende al alumnado para poder calificarlo y segregarlo. Estudiar es buscar información, comprenderla, analizarla, compararla con lo que ya sabemos y… elaborar nuestra propia interpretación. Estudiar es construir algo a partir de la acción de la inteligencia. Cuando evaluamos el trabajo, es decir, el fruto de la actividad intelectual, encontramos que las diferencias se hacen más pequeñas entre las criaturas, que ellas aceptan de mejor grado este sistema y que ya no actúan bajo la presión del resultado de una prueba en la que la suerte, los nervios, la capacidad memorística (nada que ver con la capacidad intelectual) y el criterio del examinador suelen jugar un papel decisivo. Liberados de la presión de los exámenes, los niños y niñas actúan sin miedos, participan sin complejos, con la alegría de quien desea aprender cada día algo nuevo y, sin lugar a dudas, ofrecen un mejor rendimiento.
En la medida en que consigamos que la realidad entre en la escuela, que el aprendizaje inteligente sustituya al sinsentido, que la clase se convierta en un proyecto común en busca del éxito personal y colectivo, que se facilite la participación, la expresión, la creatividad y la comunicación del alumnado, estaremos ante niños y niñas equilibrados afectivamente y alegres. Con una alegría que se manifestará continuamente, de forma natural. En una clase así, los conflictos son mínimos; y cuando se producen, todos ellos se solucionan dentro del aula, sin que haya necesidad de recurrir a complicadas mediaciones; y si al empezar el ciclo (llevamos varios años trabajando en el ciclo superior de Primaria) observamos que en las asambleas las críticas están equilibradas con las felicitaciones, a medida que avanza el tiempo comprobamos cómo las felicitaciones son cada vez más mayoritarias y las propuestas de trabajo se tornan más sensatas y positivas.
Una vez definido este marco de actuación, y para conseguir que nuestros alumnos y alumnas puedan dar salida a ese sentido del humor que la mayoría llevan dentro, la propia dinámica escolar nos ofrecerá multitud de oportunidades a poco que nos lo propongamos, puesto que de todo se puede hacer una interpretación humorística.
No obstante, lo que vamos a mostrar a continuación son ejemplos de actividades que, sin pretender específicamente provocar la risa, muestran como, en un ambiente de cariño, de respeto y de libertad, los niños y niñas nos obsequian con un sentido del humor inteligente, que suele tener efectos terapéuticos para la clase.
El texto libre nos regala, por ejemplo, momentos de vida que, a menudo, invitan a la sonrisa:
UNA IDEA DIVERTIDA
Hace dos o tres días mi madre me mando a la terraza a por agua. Así que, fui, puse la botella en el grifo y, mientras se llenaba, yo iba jugando. Se me ocurrió mirar abajo y vi a mi hermano regando las plantas: A mí me vino una idea a la cabeza y cogí un recipiente, lo llené con un poco de agua y se lo tiré. Por suerte cambió de maceta y no lo mojé; pero mi madre me dijo:
-¡Llegas a mojar a Marcos y yo a ti te pongo morada!
María Esther G. (7º de EGB).
10-05-1982
LA BICICLETA
Yo estoy muy impaciente para que llegue el día de Reyes, porque me regalarán una bicicleta.
Como ya sé que los Reyes son mentira, me llevarán a elegir la que más me guste y la dejaremos encargada.
Así no me la quitará nadie.
Patricia G. (3º de Primaria)
08-10-1997
Las poesías suelen mostrarnos con frecuencia, entre otros estados emocionales, el buen humor de sus autores:
Yo era una dragona
muy, muy, dormilona.
Cuando me desperté
vi un guapo príncipe
y me lo quise comer.
Entonces vino la princesa
Jordina y me dejó sin comida.
Tamara (4º de Primaria)
Abril de 1999
La creación de trabalenguas, palabras encadenadas, adivinanzas, canciones, cuentos cortos, son buenas ocasiones para que aparezca el buen humor y el ingenio:
TRABALENGUAS
Rita tiene un pito que pita.
Y pita que pita el pito de Rita.
Cuando pita el pito de Rita es de risa,
y cuando no pita,
es que alguien se lo quita.
Christian (5º de Primaria)
Mayo de 2004
PALABRAS ENCADENADAS
En mi pueblo hay un río,
en el río hay un pez,
el pez tiene espinas,
en las espinas hay calcio,
el calcio me hace crecer.
El calcio en las espinas,
las espinas en el pez
y el pez en la sartén.
José (5º de Primaria)
Mayo de 2004
ADIVINANZAS
Soy redonda y voy al fútbol. ¿Quién soy? (la pelota).
He nacido en el cielo y de colores soy. ¿Quién soy? (el arco iris).
Soy rey, me caso sin cura y guapo soy. ¿Quién soy? (el león).
Alumnos de 4º de EGB (1984)
CANCIONES
Don Pepinín tenía un gaitín,
trin, trin, trin,
que tocaba cada nit,
tron, tron, tron.
Y la gente le decía,
trin, trin, trin,
-¿Dónde vas tan presumit?
tron, tron, tron.
-Voy a casa de mi abuela
a tocar el gaitín de:
Don Pepinín tenía un gaitín
trin, trin, trin,
(se va repitiendo la canción).
Alumnos de 4º de EGB (1984)
CUENTOS CORTOS
Había una vez un ratón que quería un queso, pero el gato, que estaba durmiendo en su cama, se despertó y empezó a perseguirlo.
Entonces salieron al jardín y allí despertaron al perro que empezó a perseguir al gato que seguía al ratón que quería el queso.
Eduard P. (5º de Primaria)
(Curso 2003-2004)
En un cuento por capítulos, “La máquina tridimensionale”, Carles y Oriol, alumnos de 6º de Primaria (curso 2004-2005), sitúan al protagonista en un planeta donde todo es cuadrado, hasta los cerdos: “La granja era de cerditos, todos cuadrados, pero con el mismo tufillo que los de nuestro planeta”.
Los sueños, los cuentos, las historias inventadas por capítulos, cómics y aucas, pequeñas representaciones teatrales con guión original, programas de radio, sesiones de títeres de construcción propia, etc.; son ocasiones todas ellas ideales para conocer la capacidad creativa y el sentido del humor de las criaturas.
Pero todo esto será posible únicamente si, como ya hemos indicado, abandonamos la lógica escolar, la lógica de la transmisión del saber y la substituimos por la lógica del aprendizaje natural; es decir, si facilitamos la actividad inteligente de los niños y niñas.
Sebastián Gertrúdix Romero de Ávila.